En respaldo a la Ley Dignidad y al liderazgo de la congresista María Elvira Salazar, la National Hispanic Christian Leadership Conference (NHCLC) —la organización cristiana hispana más grande de Estados Unidos, que sirve y representa a más de 45,000 iglesias certificadas que promueven la vida, la libertad religiosa y la justicia bíblica en el poderoso nombre de Jesucristo— estuvo presente tanto en Times Square como en Washington, D.C., acompañando a líderes nacionales para abogar por una legislación que refleje tanto una política pública responsable como claridad moral.
En representación de la NHCLC, la Directora Ejecutiva Becky Hernandez y Robert Albino, Director del Centro de Políticas Públicas, hablaron en nombre de la comunidad de fe, afirmando que la Ley Dignidad se alinea con el compromiso cristiano de honrar la santidad y la dignidad de toda vida humana, incluidos los inmigrantes y las familias vulnerables.
Desde una perspectiva cívica, la NHCLC reconoce la responsabilidad de los líderes de fe y de las organizaciones basadas en la fe de participar activamente en el proceso democrático —no como actores partidistas, sino como voces morales comprometidas con soluciones que fortalezcan a las familias, defiendan el estado de derecho y promuevan la estabilidad social. Apoyar legislación reflexiva y bipartidista forma parte del cumplimiento de nuestro rol como ciudadanos responsables que buscan el bien de nuestra nación.
Desde una perspectiva de fe, el mensaje fue claro: la Escritura llama de manera constante al pueblo de Dios a tratar al extranjero con compasión, equidad y oportunidad. La NHCLC enfatizó que la pregunta para los creyentes no es solo qué es legal, sino qué es amoroso, justo y redentor —planteando, en cada generación, la pregunta: “¿Qué haría Jesús?”
La NHCLC reafirma su compromiso de promover políticas que protejan la dignidad humana, fomenten la responsabilidad y creen caminos para que las personas y las familias contribuyan de manera significativa a la sociedad. Nuestra presencia tanto en la ciudad de Nueva York como en Washington, D.C., refleja nuestra convicción inquebrantable de que la fe y la responsabilidad cívica no son llamados separados, sino complementarios, que trabajan juntos para edificar una nación más justa y compasiva.