En marzo de 2010, Dan Oien, de 62 años, se encontraba en su casa cuando comenzó a sufrir convulsiones. Estaba solo y lleno de temor.
Decidió llamar a alguien en busca de ayuda, pero las contracciones musculares le hicieron marcar el número equivocado.
Sin darse cuenta, llamó a Aquarius Arnolds, una estudiante universitaria de la localidad. Arnolds tenía la costumbre de no responder llamadas de números desconocidos. Sin embargo, ese día sintió el impulso de hacer una excepción y contestar.
Más tarde relató que, al responder, escuchó una voz entrecortada que no tenía sentido. Aun así, en lugar de colgar, sintió que debía continuar en la llamada.
Arnolds preguntó si la persona estaba en problemas y escuchó un confuso “sí”. Actuando con rapidez, colgó y llamó al 911. Proporcionó el número que aparecía en su identificador y reportó la emergencia.
En cuestión de minutos, el operador logró rastrear la llamada. Los paramédicos llegaron a la casa, forzaron la puerta, encontraron a Oien y lo trasladaron al hospital. Su intervención le salvó la vida.
Un amigo de Oien, en una entrevista posterior, expresó su asombro ante el hecho de que él hubiera llamado accidentalmente a una desconocida que decidió contestar una llamada que normalmente habría ignorado, y que además supiera exactamente qué hacer para salvarlo. Con sencillez, concluyó que había sido Dios quien orquestó todo.
Clama a Dios cuando necesites ayuda.
Él sigue siendo el Dios de los milagros.
“Lo que es imposible para los hombres es posible para Dios.”
Lucas 18:27 (NVI)
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