Una noche me reuní con mi amigo y mentor, Dexter Yager, cuando me sorprendió con una observación.
Dexter había estado escuchándome mientras le contaba todas las cosas que estaba haciendo. Cuando hice una pausa, me interrumpió y me dijo que notaba que parecía cansado y abrumado. Entonces me dio uno de los mejores consejos que he recibido en mi vida.
Dexter me explicó que me había visto actuar como un “lobo solitario”, avanzando sin aceptar ayuda. Me señaló que, por mi cuenta, solo podría llegar hasta cierto punto y que, si realmente quería llegar más lejos, necesitaba ayuda. Luego me dio el consejo que cambió mi rumbo:
Me dijo que nunca recibiría ayuda hasta que la pidiera. Que debía empezar pidiéndosela a Dios, y luego también a otras personas. Esa conversación fue un punto de quiebre para mí. Mi desempeño y productividad mejoraron de manera impresionante cuando comencé a pedir ayuda.
Un gran ejemplo de esto es la historia de R. U. Darby.
Darby descubrió una veta de oro en la California del siglo XIX, pero cuando pareció agotarse, vendió la mina a un comerciante de chatarra.
El nuevo dueño decidió pedir ayuda y contrató a un ingeniero de minas para revisar el sitio. El ingeniero encontró otra veta de oro a tres pies de donde Darby había dejado de excavar. El nuevo propietario ganó millones con la mina.
Siempre pide ayuda (empezando con Dios). No lo sabes todo.
La Biblia dice en Mateo 7:7: “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá.” (NVI)
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